Mis historias en primera persona
DELIVERY DE GANG BANG
Gloria Parque
Desde que tengo memoria siempre fui de las que no se quedan en el deseo. Si mi mente puede imaginarlo, entonces mi cuerpo puede vivirlo. No me alcanza con fantasear: necesito concretar. Y eso, a lo largo de los años, me convirtió en la mujer que soy. Libre, directa, sin culpas. No me interesa lo que se espera de mí, sino lo que yo deseo de mí. Por eso, cuando descubrí la cuenta de GangBangPro en Instagram, algo en mí hizo clic.
GBP, como se hacen llamar, es un grupo de cinco chicos adultos, todos entre los veintipico y los cuarenta. Tienen ese equilibrio perfecto entre juventud y experiencia, entre energía y presencia. Se dedican, según cuentan sin vueltas, a atender mujeres o parejas que quieran pasar un buen momento. O filmar algo más profesional. Lo dicen con tanta naturalidad que no me costó nada sentirme en confianza. Sus cuerpos hablan por ellos, pero lo que más me atrajo fue su actitud. Cero arrogancia. Cero drama. Pura entrega.
No tardé en escribirles. Mi mensaje fue claro, sin rodeos. Les dije quién era, lo que quería, y cómo lo imaginaba. Me respondieron enseguida, con la misma claridad. Nos pusimos de acuerdo en la fecha, la hora y los detalles mínimos. Iban a venir a mi departamento. Solo les pedí una cosa: que no vinieran antes de las tres, porque quería te
ner tiempo para prepararme. Ah, y que fueran todos. No estaba buscando tibiezas.
Además, contraté a un camarógrafo que conocía de otros proyectos. Un tipo discreto, con buen ojo y mejor silencio. Le pedí que no interviniera, que solo captara el momento con la delicadeza de quien entiende que está documentando un ritual. Porque sí, para mí esto era eso: un ritual de libertad, deseo y poder.
El día llegó más rápido de lo que esperaba. Desde temprano, empecé a preparar el espacio. Limpié, ordené, corrí los muebles, abrí las cortinas para que la luz entrara de costado, suave. Encendí luces, elegí música con ritmo lento. El camarógrafo llegó primero. Lo saludé con un beso en la mejilla y lo invité a ubicarse donde quisiera. "-Silencio y mirada", le dije. Él asintió.
Después me ocupé de mí. Me metí en la ducha, dejé que el agua caliente me despertara la piel. Me exfolié cada rincón, me perfumé, elegí una bata de satén negra, con nada debajo. No porque quisiera provocar desde el inicio, sino porque esa tela, sobre mi piel húmeda, me hacía sentir poderosa. Me serví una copa de vino blanco, bien frío. Me senté frente al ventanal, cruzando las piernas. Mi celular marcaba las dos y cuarenta y cinco. Faltaba poco.
Mientras esperaba, mi mente no paraba de producir imágenes. Me venían escenas, posibles posiciones, miradas, risas, suspiros. Me imaginaba los cuerpos, el contraste de texturas, las respiraciones superpuestas. No era ansiedad: era excitación. Esa electricidad que empieza en el pecho y se ramifica por todo el cuerpo. Sabía que esa tarde iba a ser inolvidable.
A las tres en punto, sonó el portero eléctrico. Me levanté sin apuro, crucé el living descalza y atendí. Eran ellos. Mi voz sonó firme:
—Suban.
Esperé en la puerta. Uno por uno fueron entrando. No sé si lo hicieron a propósito, pero el orden en que llegaron fue perfecto. Primero Mauro, el más alto, con una sonrisa serena y mirada profunda. Después Nico, con esa energía juguetona que se siente desde lejos. Luego Julián, elegante, con gesto atento. Tomás, serio y firme, como si nada pudiera descolocarlo. Esperaba ver entrando a Ezequiel, el más joven, pero no pudo venir, lo cual fue una decepción. Serán sólo 4 para la fiesta.
Me saludaron con respeto, cada uno a su manera. Un beso, una mirada, un roce en la cintura. Yo mantenía el control, pero adentro era una tormenta. Les ofrecí algo para tomar, pusimos algo de música y durante un rato solo hablamos. De todo un poco. Se notaba que sabían crear climas, leer la energía del ambiente, no apurarse.
Cuando el camarógrafo levantó su cámara, les recordé en voz alta:
—Esto es un registro íntimo, pero estético. No quiero escenas forzadas. Quiero verdad y que se note, quiero disfrutar y que disfruten. Hagamos lo que nos venga en mente y sincronicémonos así sale todo natural. Quiero disfrutarlo.
Ellos asintieron. Y entonces, sin necesidad de dar ninguna otra orden, me puse de pie. Caminé hacia el centro del living, donde ya no había mesa ni obstáculos. Les pedí que me siguieran, les dije que iba a la cama para presentarnos, que desnudaran sus torsos pero que no se quitaran aún sus pantalones. Los quería en cueros.
Me subí a la cama en 4 patas y los hice poner uno en cada punto cardinal, de manera que quedé rodeada de los chicos que estaban arrodillados a lado de la cama. Hice algunos ensayos de presentación y los besé para que vayan entrando en clima. Un beso a cada uno y algunas palabritas para calentarlos. Terminada la sesión de fotos y videos, les pedí que se pusieran de pie frente a la cama, en fila militar, uno al lado del otro y todos mirándome a mí, ya sin sus camisas pero con los pantalones puestos. Era hora de empezar.
Comencé por tocar sus bultos a través de la ropa, testeando tamaños y consistencias. Uno de ellos destacaba por el volumen así que lo encaré primero. "-A ver... vos ¿Me lo mostrás?, le dije y él se acercó más, pero por el gesto me di cuentas que quería que yo lo sacara a la luz. Entonces bajé su pantalón y el boxer con suavidad porque no quería enganchar el elástico con la cabeza de la pija, que se notaba a través de él. Lo que saqué me impresionó, una pijota bien grande, muy ancha y cabezona, que tomé en mis manos, que sacudí y golpeé entre mis palmas, como quien juega con un bate antes de batear.
-"La voy a probar", dije, y le dí un lengüetazo en la punta seguido de un besito y de ahí directo adentro de mi boca, o lo que cabía de él. Tomé ritmo enseguida y la mamada tomó forma mientras que con la otra mano empecé a pajear al segundo de la fila. Los otros empezaron a desenfundar y en pocos segundo me encontraba mamando, pajeando y observando cómo todos se iban poniendo a tono. Bueno, uno en particular estaba más dormido, como encogido, porque no había podido descansar bien, o eso es lo que dijo el chico.
Entonces me dediqué por unos cuantos minutos a mamarlos a todos con la sensación de que las cosas marchaban como yo quería. Mamaba a uno y pajeaba a dos, cambiaba de pija y agarraba otras mientras recibía elogios y comentarios acerca de mi tarea. Nos sacamos algunas fotos con las 4 pijas rodeando mi cara. Para cuando las 3 primeras estaban a palo, empezamos a cambiar de pose, me recosté sobre la cama boca arriba y me rodearon los 4 para tocarme todo el cuerpo y ponerme sus miembros en mi boca. Me quitaron la bombacha y uno a uno empezaron a chupármela así que me encontraba patas para arriba con 2 pijas en la boca y una lengua en la concha. ¿Qué más puedo pedir? Bueno, algo más, uno de ellos fue el primero que me pidió para acabar y después de una breve paja me dio un lechazo de 8 chorros que me llenó la boca, mientras los otros miraban con atención, cuando terminó de acabar moví mi lengua para que todos vieran el polvazo que me estaba comiendo y después de juntar algunos chorros fuera de la boca, hice algunos buches para que se pusiera esponjosa, la mostré y la tragué.
Eso me calentó muchísimo, así que le pedí al más pijudo que me coja en 4 patas -"hasta el fondo", le pedí, mientras otros 3 me las daban en la boca. Así que tenía esa de 20 cm. dándome con todo desde atrás y con mi boca intentando chupar las otras, aunque era difícil porque me sacudía tan fuerte que se me salían de la boca. Una vez más empezaron a rotar y cada uno tuvo la oportunidad de pasar por detrás mío para cogerme en 4 mientras el resto iba reponiendo las pijas en mi boca. Luego variamos un poco, algo boca arriba, algo boca abajo, algo en cucharita, pero siempre rotando y atendida al menos por 3 de los 4 todo el tiempo. Los cabalgué a todos, los pajeé a cada uno, los mamé y siempre con una sonrisa, porque realmente estaba contenta y muy satisfecha con los que estaba haciendo. Estaba cumpliendo un sueño y dando rienda suelta a mi imaginación.
A alguien se le ocurrió ponerme en 4 de nuevo y metérmela por el culo, lo que hizo con suavidad para no lastimarme, y como no era el más pijudo en un ratito ya estaba entrando y saliendo con buen ritmo. Todos miraban con atención como entraba y salía esa pija de mi culo así que no tardaron en reclamar su turno. Algunos antes del culo la metían por adelante hasta sentir que estaban bien firmes y así la sacaban de adelante y la metían por detrás de un solo movimiento. Como ya estaba dilatada no me causaba ningún problema y más bien disfrutaba de esos cambios. Dieron varias vueltas, entrando por delante y por detrás, se sucedieron durante un buen tiempo, y cuando salían pasaban para recibir una mamadita.
-¿Qué sigue después de esto?, pregunté, y el más pijudo me dijo -"Montate arriba mío con la concha y tirá el culo para atrás, así te hacemos una hacemos una doble penetración". Acto seguido se acostó boca arriba, me senté sobre él y me hundí la pija hasta el fondo, me recosté sobre su panza, levanté el culo y sentí cómo otro chico entraba por detrás mio. Cuando ambos estaban adentro empezaron a moverse, a veces con sincronía, a veces a contrapelo, pero dándome en cualquier caso un placer enorme, al punto que tuve un par de orgasmos en esa acción. Dos pijas adentro y el otro par en la boca, ahora sí estaba en el climax del evento. El chico que había acabado primero volvió a acabar dándome lo que le había quedado de reserva, ¡-"Y no era poco"!. Segundo polvo adentro.
Después de eso, bajamos de la cama y me dispuse a tomar la leche de los demás, que no habían acabado, así que entre mamadas y pajas esperaba el gran momento, pero para sorpresa, recibí el tercer polvo del chico que ya había acabado, aunque esta vez con lo poco que pudo sacar. En eso uno de los chicos se acerca rápidamente y me tira un tremendo chorro de leche directo en mis ojos, lo que hizo que diera un salto hacia atrás mientras recibí un par más en la cara. Hermoso lechazo pero mal dirigido, al punto que tuve que ir al baño, pues ya no podía abrir los ojos. Eso enfrió la situación y ya no hubieron más acabadas. Una pena.
Cuando todo termina, estamos todos en silencio. El aire huele a cuerpo, a piel y a leche. Sonrío. No por cortesía, sino por satisfacción. Fue todo lo que esperaba. Y más, a pesar del final fallido.
—¿Estás bien? —me preguntan.
—Estoy perfecta —le contesto, estirando un brazo para acariciarles la mejilla.
El camarógrafo guarda su equipo. Los chicos se despiden uno a uno, sin apuro. Les prometo compartir el material con ellos y todos nos saludamos con afecto. Quizás haya otros encuentros, nunca se sabe.
Y entonces me doy cuenta: no solo fue un acto de deseo. Fue una afirmación. Una declaración de principios. Yo no vine al mundo a imaginar. Vine a vivir. Gloria Parque.
